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La dimensión de los personajes

En la industria de Hollywood se refieren a los personajes completos y que cautivan al espectador como "más grandes que la vida".

En la literatura es importantísimo que nuestros personajes sean así, más grandes que la vida, que logren empatizar con el lector cuanto antes y que crezcan a lo largo de la historia. Esto se logra añadiendo más dimensiones a su carácter.

Generalmente, el protagonista, o el héroe o heroína de ficción, comienza su llamada a la aventura  como una persona corriente.

No es especialmente fascinante ni tiene aún los rasgos marcados. Sin embargo, la gente normal puede terminar siendo, en una novela, personajes poderosos y completos. Charlie Asher de Christopher Moore en "Un trabajo muy sucio", "A Dirty Job" es un tipo ordinario y de lo más normal
.

Si leíste Personajes 1 y 2, ya sabes que para fascinar a los lectores con nuestros personajes tenemos que conocerlos MUY BIEN. Y sobre todo conocer profundamente lo que les motiva para actuar y afrontar peligros y riesgos. Este artículo amplia algo de lo que ya hablé en esos libros.

Conocer BIEN la historia de tu personaje.


Siempre recomiendo realizar un dossier de cada personaje principal de la historia. ANTES de escribirla.

Es algo que cuesta al escritor aficionado. Y lo tengo comprobado cuando hablo con los amigos del servicio de COACHING. Quieren ponerse a escribir su historia cuanto antes sin haber completado este paso tan importante.

Es un documento dinámico, al que iremos añadiendo cosas y que irá creciendo ANTES de escribir la novela. Se trata de tener una vida totalmente documentada, desde el nacimiento hasta la actualidad. Cada etapa y cada accidente de su vida nos va a dar pautas de comportamiento e incluso va a conseguir hacer crecer los conflictos de la trama y con ellos las expectativas del lector. No vamos a mostrar a los lectores TODO lo que nosotros conocemos del personaje, pero podemos jugar con ellos, en un juego pactado al comprar nuestra obra, y que lo vayan descubriendo a medida que leen.

Hay que ir más allá de los hechos.


En ese dossier se suele comenzar por el lugar de nacimiento, los padres, sus profesiones, etc. Y esos detalles son importantes, pero también son solo hechos. Es necesario desarrollar LAS ACTITUDES de los personajes. Su manera especial de afrontar las diferentes situaciones que concurren en su vida y, si el personaje crece como ya sabes que tiene que hacer, cómo van cambiando estas actitudes a medida que ese héroe o heroína va enfrentando sus pruebas. Esto se extiende más allá de su vida cotidiana, su trabajo y aficiones. ¿Cómo ve el mundo? ¿Qué es lo que espera cuando sucede algo bueno? ¿Cómo maneja la frustración? ¿Cómo reacciona ante un reto? ¿Y ante una pérdida? Y lo más importante, has de hacer que todo sea coherente. (Nadie dijo que escribir historias fuera fácil, recuerda.)

La empatía con el protagonista en las primeras páginas


Conocer al lector. Esto se puede lograr más o menos sutilmente y teniendo en mente a qué tipo de lectores nos dirigimos. Pero cuanto antes lo hagamos más fácilmente engancharemos al lector a nuestra historia. El problema es que pocos escritores saben a ciencia cierta a qué tipo de lector se dirigen y tiende a ser un conocimiento editorial. Las lecturas sobre estudios de mercado ayudan, pero no es una ciencia exacta. También existe la técnica contraria: Imaginar y tener presente a nuestro lector ideal y escribir para él. En la mayoría de los casos somos nosotros mismos. Se trata de dotar a nuestro protagonista de rasgos y actitudes que simpaticen a los lectores o hagan que se interesen por él y por su vida ANTES de que las cosas se vayan poniendo difíciles. En una estructura clásica de "Viaje del Héroe" esto sucede o debería suceder entre la llamada a la aventura y el paso del umbral. Y es importante porque si el lector CONECTA con nuestros personajes. habremos ganado que siga leyendo.

IMPORTANTE: El conflicto interno del personaje es delicado en este aspecto. Ya vimos en Personajes 2 cómo desarrollarlo y relacionarlo con los demás personajes de la historia. Pero a la hora de empatizar con el lector es una cuestión delicada. Para que ese conflicto interno funcione, por más desagradable que sea en su parte negativa, el lector ha de simpatizar con el personaje. y una de las técnicas es utilizar ese conflicto interno para hacerlo, procurando que sea algo universal con matices particulares.

No estoy diciendo que todos los escritores deberían ser psicólogos, pero sí tener unas nociones básicas de psicología y de inteligencia emocional. (Recuerda que aconsejo leer mucha no Ficción y este tipo de conocimientos es importante que forme parte de tu bagaje literario) Te ayudará. El escritor es, siempre, observador y reflexivo.

Por último: Los personajes que han sido desarrollados completamente ANTES de abordar la historia son también los que más satisfacciones dan al escribir, y al leer sobre ellos. Recuérdalo.

Los seis sombreros de los escritores

En el mundo anglosajón existe en el uso común la expresión "ponerse el sombrero de pensar" para indicar un cambio temporal de actitud en una persona. Por extensión, "ponerse el sombrero de padre, de jugar, de los negocios..." etc.

La expresión la utilizó Edward de Bono para su famosa obra sobre la toma de decisiones en varios campos titulando a su libro "Seis sombreros para pensar". He querido usar la misma idea en este artículo para explicar por qué razón un escritor o una escritora ha de tener y usar varios sombreros en su trabajo. Además, a mí me gustan los sombreros. :-)

LOS 6 SOMBREROS DEL ESCRITOR

foto sombrero muerte entre las flores

No siempre somos escritores, o negociadores, o publicistas, pero en ocasiones debemos ponernos esos sombreros.

Sin embargo, para ponerse un sombrero hay que saber llevarlo. Y requiere un aprendizaje. Los que llevamos sombrero sabemos que los de ala ancha no son buenos para los días de viento sino quieres acabar como en "Muerte entre las flores".

Hay personas a las que no le quedan bien algunos sombreros de ninguna de las maneras, y necesitan que sean otros quienes los lleven. Son los escritores que recurren a un corrector de estilo o editor para mejorar sus obras, o a un agente literario para que negocie por ellos. Incluso a un asesor de imagen para ofrecer su mejor lado en las presentaciones. Los hay, sí.

El sombrero de la planificación de novelasEl Stetson de la planificación.

El Stetson es el sombrero de los exploradores y trazadores de mapas, los que planifican la novela previendo los bloqueos, los que diseñan los personajes, y la estructura de su historia ANTES de ponerse a escribir. Los que hacen Arqueología para documentarse y tenerlo todo preparado para escribir su novela. Es un sombrero aventurero pero cauto. Para los que saben mirar más allá y tienen el horizonte enfocado con sus prismáticos.

La Gorra escocesa o la Boina para escribir.

El paño de estas gorras es genial para el sudor. Porque escribiendo, se suda. Protege la cabeza del frío que congela las ideas y la calienta para que hiervan y permanezcan luego, negro sobre blanco. Es un tocado humilde porque somos humildes al escribir. Nadie lo sabe todo. Siempre habrá alguien que sepa más, y que nos aporte conocimientos en los que no habíamos reparado. Se necesita humildad para el aprendizaje y escribir es aprender.

El sombrero de la corrección de novelasEl Panamá de la corrección.

El sombrero ideal para el trópico es el adecuado para el proceso de corregir nuestra novela, si lo vamos a hacer nosotros. Aquí el sudor se convierte en torrentes y el picante de las especias aflora en el estilo. Cuando nos ponemos este sombrero hay que llevarlo con gracia, ligeramente ladeado, e imaginarnos con un daikiri en la mesa y el portátil echando humo. Las palabras deben fluir para que fluya la lectura de nuestro público, y despojar al texto de todo lo que haga detener esa lectura, esa ensoñación tropical en la que queremos a nuestros lectores cuando nos lean.


El Fedora de la promoción.

Es un sombrero de batalla que se usa a todas horas y combina muy bien con cualquier traje. Con él puesto buscamos seguidores en twitter y lectores para nuestro blog y nuestros libros, construimos nuestra marca personal, nos relacionamos con los contactos adecuados y sabemos que llevándolo miramos al futuro con los pies en el presente.

El Bombín del negociador.

Siempre he pensado que las formas redondeadas y suaves de este sombrero se deben a la ductilidad de las relaciones de negocios. A saber adaptarse pero sin perder. Un buen negocio es aquel en que las dos partes salen beneficiadas. No es un sombrero que usen muchos escritores, desgraciadamente, y así se firman contratos sin asesoramiento de un agente literario, sin anticipos o anticipos minúsculos, con tiradas cortas y promoción nula. Con este sombrero se vela por los propios intereses. 



Y por último, y no menos importante, nunca nunca nunca te olvides de...

El casco para las críticas.



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