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Quitar lo que sobra en Narrativa de Ficción.



«Un párrafo sin errores. No se trataba de resolver un acertijo, de componer una pieza literaria o de encontrar razones para defender un argumento resbaloso. No. Se trataba de escribir un párrafo que condensara un texto de mayor extensión. Es decir, un resumen. Un resumen de un párrafo. Donde cada frase dijera algo significativo sobre el texto original. Donde se atendieran los más básicos mandatos del lenguaje escrito –ortografía, sintaxis– y se cuidaran las mínimas normas de cortesía que quien escribe debe tener con su lector: claridad, economía, pertinencia. Si tenía ritmo y originalidad, mejor, pero no era una condición. La condición era escribir un resumen en un párrafo sin errores vistosos. Y no pudieron.»
Profesor deja su cátedra por sus alumnos

Y el problema será que diez de esos treinta algún día querrán escribir una novela.

Siempre he mantenido que las facultades de periodismo o de filología no enseñan a escribir novelas o narrativa de ficción. Las primeras enseñan a exponer los hechos sin opinión, y no es eso. Y las segundas a analizar los textos desde perspectivas lingüísticas, que tampoco.

En EEUU existen cátedras y asignaturas de ficción creativa. Con profesores invitados como Paul Auster, Orson Scott Card, Christopher Vogler, y otros. Todos ellos concuerdan en uno de sus consejos: QUITAR TODO LO QUE SOBRA en una novela.



La labor más importante del escritor, y de sus correctores si los tiene, es precisamente esa. Eliminar sin piedad todo aquello que no sea estrictamente necesario para que la acción avance, ambientar una escena, o hacer crecer a un personaje.

Lagunas en el argumento.


Las lagunas argumentales son más numerosas de lo que puede parecer. Sobre todo en las obras de los autores noveles. Incluso algunas se pueden colar en novelas o relatos publicados, para que su autor, al descubrirlas, sienta el pesar del error no corregido.
El argumento es una secuencia de acontecimientos de manera que lo que sucede al final es el resultado de los incidentes que han ido sucediendo a lo largo del relato. Con esta definición en mente, podemos establecer los siguientes pasos para evitar las lagunas más grandes.
Plantando los detalles.
Las largas exposiciones normalmente son fatales para la historia. No tienes que contarlo todo desde el principio ni añadir tantos detalles como para que la historia quede enterrada en ellos. Si ofreces tantos detalles, el lector pueden tener una noción tan clara de lo que sucederá que simplemente deje de leer, o bien, se puede sentir tan abrumado por los detalles que tampoco vea clara la idea principal y, de igual manera, abandone el libro. Los antecedentes de la historia se llaman “backstory”.
El truco estriba en colocar pequeños detalles a lo largo del manuscrito. Como editores y correctores, en la mayoría de los manuscritos encontramos informaciones irrelevantes. Como escritor, puedes decidir cuando tres pistas pueden resumirse en una. Y lo que es más importante, debes integrar estas pistas o pequeños detalles en la historia. La clave está en incluir tu pequeño detalle entre otros, sin darle tanta importancia como para que marque un camino claro, pero para que luego el lector pueda decir “Aja, no me ha engañado”. J.K. Rowlings en su saga de Harry Potter, es una maestra en este tipo de pequeños detalles.
En la narrativa fantástica, con mundos completamente nuevos creados por el autor, es muy recomendable prescindir de largos prólogos explicativos, largos parlamentos del estilo "Y ahora voy a contarte lo que sucedió entonces..." y todo tipo de cosas que hagan retroceder a un lector impaciente.

El lector de este género quiere acción, y hay que dársela. Corregir esto es difícil, una vez que la obra ya está escrita. Sólo un buen EDITING puede hacerlo, y con la colaboración del autor.

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