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El perfeccionismo de los escritores


En pos de la palabra precisa, como en la anterior entrada de este blog, no me resisto a transcribir la anécdota que cuenta la recordada editora Esther Tusquets sobre sus tratos con Vargas Llosa cuando publicó "Los cachorros".

Viene a cuento de oficio, el de editar y el de escribir, y ante algo de lo que hablo, poco y por encima es cierto, en los ebooks que hemos publicado: La autoindulgencia de muchos autores actuales (El descuido con las frases, la estructura y el estilo) y el bajo nivel (editor por un lado y lector por otro) que da por buenas obras que no deberían haber pasado de literatura de quiosco. Pero esto son otros temas que requieren de más tiempo libre y más dedicación, una dedicación que de momento no quiero otorgarles.

El capítulo 9 de este libro se titula: «Enfermizo perfeccionismo» de un autor (Mario Vargas Llosa) y laboriosa elaboración de un espléndido relato (Los cachorros). Y dice así:


(Cuenta Esther Tusquets)
[...] Nos envió efectivamente el relato el 6 de agosto, con una nueva carta, donde explicaba: «Siento no habértelo entregado dentro del plazo, y créeme que esto me ha tenido preocupado. Detesto ese vicio sudamericano que es la informalidad y procuro siempre no comprometerme a lo que no estoy seguro de poder cumplir. Pero a pesar de toda mi buena voluntad, y de mi empeño, este texto no acababa nunca de salir. No puedes imaginarte el número de veces que lo he rehecho y cada vez su lectura me defraudaba. Lo cual no quiere decir, desde luego, que el texto que te envío me parezca perfectamente logrado. Lo he releído y me ha dado la impresión de ser decoroso». 
Era, claro está, mucho más que decoroso, era ya un relato muy bueno. Resultaba, sin embargo, demasiado corto para el libro que nosotros habíamos proyectado, y opté por hacérselo saber. 
Respuesta: «Cuando pienso que todo el tiempo que estuve escribiendo “Los cachorros” viví atormentado con la idea de no alargar demasiado el texto para no tener luego que hacer cortes, me dan ganas de jalarme de los pelos. Pero creo que tengo una solución. Este cuento que te envío, “Día domingo”, apareció hace siete años, en mi primer libro, Los jefes. Es el único texto de este volumen que me parece decoroso y, por eso, una vez lo rehice con miras a una nueva publicación. Corresponde exactamente al ambiente de “Los cachorros”: ocurre también en Miraflores (incluso aparecen las mismas calles, plazas, parques, etc.), entre muchachos de la misma edad. Tiene, además, la extensión requerida para completar el volumen. Se me ocurre que se podrían incluir ambos cuentos bajo el título común de Los cachorros, y que cada uno de los cuentos debería llevar un título propio: “Pichula Cuéllar” y “Día Domingo”. Esta podría ser una solución. Si no, escribiré otro texto, pues no tendría sentido añadir veinticinco páginas a la historia de Cuéllar: resultaría forzado, gratuito». 
Los Cachorros. Mario Vargas Llosa
fotos de Xavier Miserachs, ed. Lumen 1967
Pero el 2 de noviembre ha cambiado de opinión: «Todos estos días he estado pensando en Los cachorros (también varias noches) y por fin me he decidido a escribirte. Creo que he encontrado la manera de convertir ese texto primario y defectuoso en un buen relato. Necesito ampliarlo bastante, trenzarlo a una historia mucho más sólida, con los mismos protagonistas, pero cuyo eje sería no Pichula Cuéllar sino Lalo. Tengo muy claros todos los incidentes, la estructura, los diálogos y los ambientes. Estoy absolutamente seguro de que esta vez saldrá algo interesante. Pienso en un texto de unas cincuenta o sesenta páginas, tal vez algo más, que puedo tener listo apenas en dos o tres semanas. A mí me cuesta mucho ver claramente una historia, y en esa etapa preparatoria se me van meses y centenares de papeles y una angustia que me disuelve los huesos, pero cuando la veo embisto como un Miura, me llevo todo por delante y soy capaz de trabajar diez y doce horas seguidas. Ahora creo que ya veo claro este relato y por eso me atrevo a pedirte un poquito más de paciencia. No sé si has mandado ya a componer el libro; si es así, ya no hay nada que hacer, tant pis. Pero, si todavía hay tiempo, creo que vale la pena demorar un poquito y sacar un texto más decoroso, sobre todo eliminar el casi ilegible “Día domingo”». [...]
Hubo todavía bastantes cambios y muchas discusiones sobre el título, porque la censura no aceptó de ningún modo que la palabra «pichula» figurara en él, como quería Mario (según Mario cualquier reparo del Ministerio de Información era incomprensible, pues se trataba de una historia para niños sobre niños, que él le leería a su hijo Álvaro apenas tuviese uso de razón), pero el relato estaba finalmente terminado y era buenísimo. Podía creerse, yo creí, que tanto tiempo y tanta espera y tantos cambios y tanto esfuerzo habían merecido la pena, puesto que el resultado era perfecto, un texto redondo desde el principio hasta el final, en el que no sobraba ni faltaba nada. Pensé que el autor podía darse por satisfecho. Pero no era así. 
Cuando le comuniqué, algo después, que el libro se vendía bien y que estábamos preparando ya la segunda edición, me escribió: 
«Apenas recibí tu carta, empecé a revisar el libro y a hacer algunas modificaciones, pero pronto me di cuenta que por ese camino me estaba metiendo en honduras, pues hubiese acabado por escribir el relato de nuevo, íntegramente. Así que mejor lo dejamos tal como está. Me ha decepcionado un poco en esta última lectura… En fin, esperemos que el próximo relato salga mejor» 
El «enfermizo perfeccionismo» de Vargas Llosa no tenía límites ni remedio.
Y como diría Rah'oi, el Profundo Insondable Lovecraftiano: Fin de la cita.

Mientras escribía lo que antecede recordé una conversación con mi amigo Daniel Lanza en la que le mostraba mi asombro de que se pudiera montar una antología de relatos de aficionados en un mes, cuando yo mismo tenía alguno que había tardado seis años en terminar. Alguno de esos escritores (Escritores sí, escritor es el que escribe) había redactado un relato de veinte páginas en una semana. No quise leerlos.

¿Y a ti? ¿Cuánto te lleva planificar y escribir un buen relato de veinte-cuarenta páginas?

Escribir relatos cortos. Aproximaciones.

Nos lo habéis solicitado varias veces, muchos después de haber leído el libro de relatos que publiqué hace unos meses, así que al fin os presento una primera aproximación al Relato Corto.

A ver si a partir de esta semana ponemos mínimo dos entradas a la semana en el blog.

El inicio y los finales.


En el relato corto se invierte mucha energía para construir un inicio perfecto. La frase o el párrafo genial que enganche al lector para seguir leyendo. Una de las técnicas es que ese comienzo nos dirija rápidamente al corazón del conflicto y suscite la curiosidad de los lectores por lo que ocurrirá a continuación

Los finales necesitan la misma atención y cuidado. No solo deben resonar adecuadamente en los lectores, y perdurar en su memoria, si no que deben producir además algún tipo de satisfacción si es posible. Aunque sea de manera muy sutil. Y por supuesto, ofrecer también una sensación de conclusión. Los finales abiertos son peligrosos en la narrativa breve. 

Y ahora llegamos al problema y tema de este artículo: El nudo de la historia. El viaje que va a hacer el lector desde el principio hasta el final de tu cuento. Aquí te explico cómo asegurarte de que tu relato esté bien cohesionado:

Cambiar subargumentos por conflicto. 

El formato del relato corto suele basarse en un argumento principal. Debido a que el espacio es limitado se limita también el tiempo. Por ejemplo, un sólo día y un sólo escenario. Y aquí, si añades sub-argumentos puedes confundir al lector.

Si escribes una historia realista sobre un hombre que se plantea dejar a su esposa después de descubrir que la hija que tienen en común no es suya, no te servirá de mucho añadir a la historia los celos que sufre en el trabajo por culpa de otro fulano.

Lo ideal es profundizar en el argumento que ya tienes y se consigue introduciendo conflicto. Por ejemplo, mientras el hombre contempla la posibilidad de abandonar o separarse de su mujer y su hija, puede descubrir que ella está muy enferma y necesita ser hospitalizada.

Funciona igual en todos los géneros. El relato básicamente es psicológico. Puede llevar acción, pero escasa. Por eso, desarrollando el conflicto atraerás a los lectores y crearás empatía con el personaje principal. Se trata de complicar las decisiones del protagonista y generar nuevas consecuencias para todos los personajes implicados.

Sembrando semillas. 


Uno de los errores principales en los relatos breves es la digresión. Algunos escritores se interesan por temas tangenciales al del relato y acaban incorporándolos a su historia. Efectos: Distraen al lector, rompen la atmósfera creada, e interrumpen el flujo de lectura. Para evitarlo debes plantar semillas de los temas que introducirás. García Márquez en "El coronel no tiene quien le escriba" lo hace muy bien en la primera escena de esa novelita corta. Pero García Márquez es un maestro. Voy a copiarla y a subrayar en negro las palabras asociadas entre sí que crean la atmósfera del escenario y el tema de la espera o la esperanza frustrada, y forman un esqueleto que va uniendo los párrafos con un motivo común.

El coronel destapó el tarro de café y comprobó que no había más de una cucharadita. Retiró la olla del fogón, vertió la mitad del agua en el piso de tierra, y con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre la olla hasta que se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata.          
Mientras esperaba a que hirviera la infusión, sentado junto a la hornilla de barro cocido en una actitud confiada e inocente expectativa, el coronel experimentó la sensación de nacían hongos y lirios venenosos en sus tripas. Era octubre. Una mañana difícil de sortear, aún para un hombre como él que había sobrevivido a tantas mañanas como esa, durante cincuenta y seis años —desde cuando terminó la última guerra civil— el coronel no había hecho nada distinto de esperar. Octubre era una de las pocas cosas que llegaban.          
Su esposa levantó el mosquitero cuando lo vio entrar al dormitorio con el café. Esa noche había sufrido una crisis de asma y ahora atravesaba por un estado de sopor. Pero se incorporó para recibir la taza.          
—Y tú —dijo.          
—Ya tomé —mintió el coronel —. Todavía quedaba una cucharada grande.          
En ese momento empezaron los redobles. El coronel se había olvidado del entierro. Mientras su esposa tomaba el café, descolgó la hamaca en un extremo y la enrolló en el otro, detrás de la puerta. La mujer pensó en el muerto.          
—Nació en 1922 —dijo—. Exactamente un mes después de nuestro hijo. El siete de abril.          
Siguió sorbiendo el café en las pausas de su respiración pedregosa. Era una mujer construida apenas en cartílagos blancos sobre una espina dorsal arqueada e inflexible. Los trastornos respiratorios la obligaban a preguntar afirmando. Cuando terminó el café todavía estaba pensando en el muerto.
El motivo del café va hilando la atmósfera con pequeños añadidos y dosis minúsculas de información. Estos párrafos tienen más cosas escondidas en su estilo, pero eso será motivo de otro artículo.

Contra el reloj.


En algunos relatos cortos suele suceder que el escritor novel introduce un pequeño conflicto al inicio de la historia y lo abandona sin resolver o no es demasiado urgente para el lector. En cualquier tipo de historias que escribamos, el objetivo principal es que los lectores lean página tras página nuestras historias, por lo que hay que despertar su curiosidad y mantenerla.

Si al principio de la historia presentas un personaje que debe llegar a tiempo al aeropuerto para tomar un avión y asistir a una reunión importante y crucial de “lo tomas o lo dejas”, crearás ese sentido de urgencia, consiga el personaje sus objetivos, o no. Aquí usamos el nudo de la historia para incluir más obstáculos en esa línea temporal que se va consumiendo (el tráfico, el clima, problemas con el coche, etc...) que ayudarán a intensificar el conflicto y a acelerar el ritmo de la historia.

Dramatiza 


Como la mayoría de los relatos se basan en las epifanías, en los momentos de crisis del protagonista es una buena idea aislar y dramatizar una crisis específica. Puede ser un momento que implique una verdad dolorosa, o implicar un poco de acción. Muchos escritores no detectan estos momentos y es una razón para que se pierda la fuerza de sus escritos.

Si leíste el ebook de ESTRUCTURAS ya sabes que una crisis como esta suele ocurrir en la segunda mitad de las historias, después de la introducción del conflicto principal y de la serie de obstáculos que se van interponiendo. En los relatos breves se puede resumir así: ¿Quién tiene algo que perder en la historia? ¿Cuales serán las últimas consecuencias?. 

Por último: Recuerda que la parte central de una historia es tan importante como el principio o el final. Si tu intención es escribir relatos cortos, nuestro consejo es que los escribas a menudo. Intentando escribir esas historias de una sola sentada o como mucho en un par de sesiones. Esto te ayudará con la uniformidad y la cohesión. Recuerda divertirte mientras escribes y arriesgarte, especialmente en tus primeros intentos.

Y, ya sabes, nunca, jamás, tires nada de lo que escribas. Nunca se sabe cuando puedes necesitarlo para otra historia.




Cuentan los hombres de cierta fe que en una ocasión un escritor palmó de hambre y por sus virtudes, ya que alguna tenía, le dieron a elegir entre el cielo y el infierno. Comenzó a observar el bajo mundo y vio el fuego y sintió el calor, y buscando escritores como él los encontró desnudos y famélicos, atados a sus escritorios, trabajando en sus obras y siendo azotados por horribles demonios con látigos de nueve colas.

Desanimado por esta visión ascendió a los cielos y vio el departamento de escritores. Vio el fuego y sintió el calor, y los encontró desnudos y famélicos, atados a sus escritorios, trabajando en sus obras y siendo azotados por horribles ángeles con látigos de nueve colas.

-Eh -dijo- Esto no es una gran ventaja. Vaya mierda de cielo.

A lo que uno de los ángeles le respondió:

- Bueno, no creas. Estos por lo menos publican.
 

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